Dicen que el paraíso no existe, que está en algún lugar del cielo… pero yo he estado allí —en la selva peruana, en Tambopata-Candamo..
Tenía 21 años cuando llegué como guía naturalista al Explorer’s Inn, sin saber que ese lugar cambiaría mi vida para siempre.
Cada amanecer lleno de cantos de aves, cada silencio de la selva, cada mirada de una nutria o aleteo de una mariposa me enseñó algo esencial: la naturaleza no es un lugar que visitas… es un lugar que respetas y sientes.
Guiar por esa extraordinaria selva del Perú fue más que un trabajo; fue una escuela de vida. Aprendí sobre la armonía entre millones de seres vivos, sobre la sabiduría de las comunidades nativas y sobre la urgencia de proteger lo que aún queda.
Hoy, en 2025, vuelvo a leer estas líneas y siento lo mismo: gratitud, asombro y compromiso.
Porque el paraíso sí existe. Está aquí, en Perú. En la tierra de mi madre. En el corazón verde de Tambopata.